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Hola otra vez.
Acá estoy recibiendo un nuevo fin de semana, desvelándome. Me encuentro como 178° al contrario de lo que estaba ayer: la gripe se ha ido casi totalmente y solo me queda un poco de malestar en la garganta.
Hoy nos discutimos con mi novia. Es que ella es muy celosa (aunque creo que yo tengo la culpa, porque antes la celaba quizá mucho) y me ha hecho unos reclamos que a mi parecer rayan en la infantilidad.
El caso es que tenemos una amiga en común, compañera de estudios, que se va de intercambio por varios meses. Ella, al despedirse de mi novia, ya se marchaba; pero se regresó solo para despedirse de mí. A mi novia NO le gustó en lo más mínimo. Y yo lo sentí (ya ven!!! Capaz que hasta traumado me tiene…)
Al rato, fui a prestar unos libros a la biblioteca y me di cuenta que el papá de esta amiga estaba en el parqueo esperándola. Como nos conocemos con el señor, le fui a saludar… y ahí me estuve un buen rato platicando. Hasta que mi novia apareció en medio de la conversación y me dijo: “tus cosas están en el centro de cómputo y apurate que ya van a cerrar”, en un tono que para qué. Hasta el señor se quedó sorprendido y me dijo que qué clase de modito el que había sacado a relucir.
Pues he de contar que ella suele ser a veces de doble cara: muy amable y voluntariosa, pero también enojada y no sé como llamarle…”rencorosa”???
Bueno, la cuestión es que luego de ir por mis cosas al centro de cómputo, nos metimos dentro de un aula a platicar.
Me dejó ir unos cuantos golpes a los hombros, con lágrimas en sus ojos. La hubiesen visto… eran lágrimas de rabia. Y me comenzó a acusar, de que yo era zorro, que me metía con gente que no debía, que la respetara y bla bla bla.
Yo traté de mantener la cordura. A lo más que llegué a decirle fue que no tomara actitudes tan tontas. Que viera que sí la respetaba y que no se comportara como el tipo de mujercitas a las que uno hace felices con nimiedades… ¡y luego son tan fáciles de engañar! porque, como son felices con pequeñeces (como “no te metas con fulana (y uno no se mete)”, “no hagas esto (y uno no lo hace)”, “no hagas lo otro (y tampoco)”) que o el hombre se aburre de ser un mandilón y se busca otra a escondidas, o ya trae de por sí lo infiel y psicológicamente, quizá sin proponérselo, busca otra para sentirse bien amado (dizque sin condiciones) Porque que feo es que empiecen a decirte qué hacer y qué no cuando creés que lo estás haciendo bien. Que no estás faltando a ningún cánon moral o ético y que sos un “novio 10”
Porque ella piensa que esta su amiga es zorra y de un momento a otro me podría seducir. ¡Qué mente…!
De pronto, sacamos a relucir la relación (ya de dos años) que llevamos. Le dije que no me parecía casarme con una persona que el 90% del tiempo está bien pero que se desequilibra el 10% restante, de tal manera, que me hace pensar dos veces si es la madre que quiero para mis hijos y la esposa para toda mi vida.
Más o menos ella me dijo lo mismo y le respondí: “¿no será que somos insalubres el uno para el otro…?” No hubieron respuestas.
Como era de esperarse, entró luego de un rato en su lado empático… como que nada hubiera pasado… como que todo estaba bien.
Y ESO NO ME GUSTA!!!!
Porque no todo estaba bien. No todo está bien: ya me ha contado cómo su madre (que no vive con ella) padecía de crisis emocionales cuando se peleaba con su padre. Y me pregunto yo si no será genético. Además, digo que no todo está bien porque estos detalles tienen que solucionarse, o comprenderse –si se quiere-, cuando se anda de novio.
Si no somos capaces de tolerarnos estas posturas hoy, menos cuando casados y comprometidos mediante un papel.
Ay mis amigos… ¡qué difícil! ¿Serán los ya dos años de relación lo que la hacen tan difícil de romper? ¿La rutina? ¿Será el miedo? ¿Miedo a no saber qué hacer, dónde correr? Cierta vez leí en alguna parte que el primer amor es maravilloso como ninguno pero igual de doloroso cuando termina, y siempre nos terminamos levantando y continuando con nuestro camino…
No sé si estoy hablando en serio de terminar con ella, la verdad. Cuando nos despedimos en el carro, fue de beso como siempre. Mas sin embargo, creo que talvez lo que necesitemos sea tiempo para replantearnos ciertas cosas (“arreglarnos” interiormente) y para ver si podemos subsistir el uno sin el otro.
Lo último seguramente se pone a prueba el año que viene, cuando ya haya terminado la universidad y ella se quede en el último año.
Por mi lado, les diré que no me siento tan tan enamorado como antes (¿será normal?). Si me sigue despertando sentimientos bonitos, quizá no con la intensidad del principio, pero me los despierta. ¡Ha sido tan detallista!… que creo que si me propusiera olvidarla no sería fácil. Además, de que tiene sus virtudes, las tiene (y muchas) Creo que tantas como para echar por el suelo aquel 10% de inestabilidad al que me referí.
Pero ojo con el amor, que a veces no ve lo ineludible. Debo tener cuidado.
Al fin que, si llegáramos a terminar, nos volveríamos en la vida del otro un grato recuerdo (sin contar escenas como la de hoy, por ambas partes) Talvez quedamos de buenos amigos, lo cual requeriría de mucha madurez sabiendo lo bien que nos conocemos y lo mucho que nos amamos/queremos (en tiempo presente, porque nadie ha dicho que con una ruptura termina el amor)
Que de terminar, no creo que pase pronto. No sé si llegue a suceder algún día. Pero una parte de mí anhela a alguien, un amor que me pueda llenar. Colmar o complacer, como quiera que se diga… que me satisfaga. A veces siento que lo he encontrado, otras veces que está por venir.
Jeje…. Algunas otras ando tan “carnalmente sediento” que pretendo ver oasis en medio de los sequedales y desiertos. Pero eso es harina de otro costal.
Solo quiero amar y ser amado (creo que lo soy)… ver hacia mi futuro y encontrar allí armonía, felicidad y paz.
-Hoy si me pelé escribiendo-
Sonando: el silencio profundo de la madrugada del sábado.
