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(...viene)
Y es que a una jefa no se le puede tratar como a la madre, queriéndola agradar. Cuando lo amerita, y cuando la naturaleza humana de la persona en cuestión es tal, lo mejor es ser calculador e inteligente, para volver el juego a favor propio. Es lo que debería haber hecho pero, por lento, no lo vi en su momento.
El accidente lo sufrí el domingo 6 de marzo. El viernes anterior, por la noche, ¡quién iba a decirlo!… se le celebró la despedida a un vendedor con 30 años de carrera en la empresa y, aunque nadie lo supiera, aquel joven soñador, también se estaba despidiendo esa noche de lo que más quería en términos profesionales.
II. BUSCANDO EL CAMINO
Pero ya desde antes de que se consumara mi despido, yo sospechaba que se daría un desenlace similar.
“Voy a Unilever, y me notifican que ya no sigo con Xedex. Paso a Mirasol, con un proyecto de Trade Marketing.
Aun recuerdo cuando me postré en la oficina de la gerencia de marca Xedex para pedírsela al Señor.
Pero me alegro de que me haya librado del yugo opresor de la ahora exjefa, y me ponga a trabajar con una persona más humana. En esta nueva etapa, ¡Confío en ti, Señor!” (De mi diario, 31 de marzo de 2005).
“… He estado pensando y, la verdad, quisiera encontrar un mejor significado para el nuevo trabajo (con Mirasol) ¿Será una degradación? ¿una señal?
Bueno, de todas formas hay cierta incertidumbre, porque la doctora de la empresa no me ha permitido trabajar. Entonces, no sé qué pasará conmigo (Señor, no lo entiendo, pero te agradezco).” (3 de abril, 2005)
La idea de haber sido degradado me dio vueltas por la mente muchos días. ¡Es que hubieran visto la cara de gozo con que mi jefa me notificó del cambio!
Recuerdo que en el preciso instante en que se disponía a notificarme de ello –ya me lo presentía- sentí una gran paz. Puedo decir que hasta disfruté ese momento y pude apreciar cada gesto, cada palabra, cada movimiento. Pude leerle los ojos y encontrar conjugados, en un solo ser humano, niveles de hipocresía y vilez nada envidiables. Me sentí un títere. No me gustó.
Pero, antes de esa notificación, ya había pasado a “hablar” con el gerente de mercadeo, quien me había señalado una “oportunidad de mejora”: que me integrara más al grupo. Luego me di cuenta que esta había sido mi “entrevista de salida” con él. Es decir, no le interesaba saber directamente cómo estaba, sino asegurarse que se había tomado la decisión correcta al separarme del equipo de Home Care.
Porque si hay algo que he encontrado al trabajar es esto: En tu oficina a nadie le importa cómo te sientes en verdad. Preguntas de aquellas como “¡¿qué tal te va?!” “¡¿cómo estás?!” deben, por ley, tener una positiva y afirmativa respuesta pues, en realidad, a nadie le interesará DE VERDAD saber tus problemas. De hecho, en un ambiente de oficina, al NADIE ser verdaderamente importante en la vida del otro, es poco lo que se puede esperar que aporten los compañeros en los problemas decisivos de la vida, por lo que a ellos siempre será mejor contestarles “¡Bien!” o “¡Excelente!” –aunque no sea así- y no ser de mal gusto aventando nuestros rollos. Qué triste. Es otra de las razones que me motivan a ser empresario: la oportunidad de una vida más auténtica. Sin ataduras impuestas.
Pero enfrento un trade off: desarrollar mi pasión por el mercadeo o poner mi propia empresa. En estos momentos, lo primero es lo que más me hace clic.
Pero, regresando: Yo me sentía degradado por haber pasado de asistente a un puesto que no sabía ni siquiera qué era exactamente, o dónde se ubicaba dentro de un plan de desarrollo de carrera. Ahora creo que me equivoqué al pensar así, pero empecé a barajar la idea de buscar un lugar que me permitiera más “status” en el currículum. Cual no fue mi sorpresa al encontrarme con un anuncio que ofrecía puestos para trainee en una maquila textil.
