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Son las 2:30 y me he dado una pausa en mi búsqueda de apartamentos.
La verdad que sí he apuntado varios contactos y anuncios de "se vende" / "se alquila"...
La idea original era que fuera de condominio en condominio, preguntando por el administrador. La táctica que ocupé fue un poco diferente, porque me puse a preguntar a los vigilantes por los teléfonos de las oficinas administrativas para concertar cita. Algunos me los dieron, otros no.
Recuerdo especialmente aquel vigilante en uno de los topes de la Escalón, arriba del redondel Luceiro, que hasta me dijo un "muy amable" al terminar nuestra pequeña plática, en la que me dió el contacto de una persona que vendía un apartamento y el de las oficinas administrativas de los edificios. Sin preguntarle me comentó que ganaba $87 a la quincena, pero que los vecinos le daban $20 más, llegando a ganar aproximadamente $240 al mes. Fue muy ameno.
Por el contrario, fue gracioso también encontrarse con un maistro de obra que, ante mis ojos (y perdón), pero quedó de tonto. Me pidió la tarjeta de presentación, se la dí. Le quise preguntar el nombre o los teléfonos de la empresa y me dijo que no se los podía, que tenía quince días de haber entrado a trabajar.
Vaya, cómo pueden algunas personas no pensar que quedan como estúpidas con respuestas así. ¿Qué le iba a decir yo? ¿Discutirle porque no me daba los datos verídicos?
Lo que sí me he dado cuenta es que se está dando un buen avance en la construcción, al menos en esas zonas. Hay apartamentos, creo yo, para todos los gustos. Si alguien se la quiere picar de vivir en la Escalón, bien puede hacerlo en uno de estos complejos, que me imagino habrá para todos los gustos.
Mi primer experiencia de haber entrado a platicar con otra colega, también fue interesante. Era una señora que tenía a su cargo todo el complejo, del cual solo tenía un par de unidades disponibles (una para venta y otra para alquiler). La idea de ella era de que lo mejor es independizarse para no compartir la comisión; me dijo que si trabajábamos, ella se quedaba con la mitad de la comisión total.
También fue a unos apartamentos que parecían viejitos, cerca de la Zona Rosa. Entré y me atendieron amablemente. Hasta me pasaron a conocer dos que tenían, uno para venta y otro para alquiler. Me pareció ver el tiempo retroceder, porque hasta el teléfono de la recepción era de disco, los baños de los apartamentos con bidet incluído y en colores distintos al blanco... algunos eran verdes, muy a lo dos décadas atrás. Las puertas de madera, el mobiliario y los acabados, en fin, todo me decía cómo eran los edificios antes. Cuando la ciudad casi topaba por ese sector.
Para empezar el día, me hablaron de la oportunidad de los dulces. No pude decir que no me interesaba; es más, yo creí que me diría que porqué ya no me había comunicado, pero fue al revés: se disculpó por no haberme podido dar la oferta antes y me dijo que me esperaba ahora en su oficina. Yo le agradecí y le dije que ahí estaría un poco después de las seis.
Ya luego he pensado que talvez me deba dar una oportunidad de volver al mundo corporativo. No es que le tenga temor a la incertidumbre, sino que también podría realizar una jugada maestra, al capitalizar más despacio pero seguro, manteniendo mi nivel de gastos, mientras mis ingresos aumentan. Podría ahorrar para comprar una propiedad y darla en arrendamiento o revenderla, y así empezar mi carrera en bienes raíces.
No digo que no se sienta bien haber logrado tantos teléfonos, que representan esperanzas de negocios. Se siente muy bien. Pero bueno, he sentido de Dios que no me preocupe, que él está a cargo.
¡Cómo es el corazón! O el amor. Pero resulta que ahora a la hora de almuerzo, como iba por un camino cercano al trabajo de mi novia, pensé en llamarle para que almorzáramos juntos.
Todavía tenía el pensamiento en la cabeza, cuando me cayó un mensaje de ella al celular. Y entonces, le hablé también, cuando me dijo que estaba en una gasolinera cerca de su trabajo, y era justo donde yo pasaría...
Ahora que me acuerdo, esa calle tiene un atajo, que yo ya no pude tomar porque no me acordé a tiempo de su existencia. De haberlo hecho, muy probablemente, cuando hubiera contactado por teléfono con ella, ya hubiera pasado de la gasolinera.
Y todavía recuerdo que pensé el porqué no lo alcancé a tomar...
Bueno, así va mi día.
También, entre otras cosas, le mandé la carta al señor de Unilever.
En el momento que la envié me sentí tan humano, tan que no me tendría que preocupar por el resultado porque estoy en las manos de Dios.
