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Defino como "esclavito" a aquella persona que le entrega su vida, su bienestar y su status social a una empresa que le da, a cambio de soportar presiones y obtener satisfacciones vanas (en comparación con la realización última del ser humano), buenas bonificaciones y prestaciones que el resto considera envidiables.
Yo me quiero ubicar en el otro extremo. En el lado de los emprendedores, de los aventados. En el lado de aquellos a los que no le importa el pasado, ni el qué dirán, ni tampoco si son el niño bonito de su Universidad, como para obtener algún tipo de ayuda o conecte que facilite empezar la vida empresarial.
De ese lado me quiero ubicar yo.
Por eso, no le haré caso ni a los temores ni a las voces de crítica, como la que hace poco recibí ( "a lo que te quedaste... a vendedor de casas").
Ayer recibí mi primer pago. Fueron $84.04 en efectivo. Me enorgullece decir que estoy aprendiendo a no trabajar por dinero, y que creo que nadie ha ganado tan poco de mis compañeros de Universidad. Lo cual no me importa, pero al menos me hace pensar que estoy siguiendo un camino diferente. Un camino en el que los sueños son más importantes que la remuneración económica. Un camino en el que la ayuda de Dios es determinante para triunfar.
Es un camino en el que puedo aplicar mi fe en Dios, como en ningún otro camino laboral. Lo seguro acá es que la bendición de Dios determinará mi éxito.
