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Creo que me estoy consolidando como un agente de bienes raíces. Podría decir que ya está pasando el tiempo de crisis que sufrí al inicio, cuando me estuve enfrentando a todos los temores que me asaltaban (como podrá notarse en anteriores escritos de este blog).
Ayer fui a la Costa a poner unos rótulos. En mi vehículo, con mi gasolina. Por un momento me pareció injusto haber gastado mi gasolina por ir a poner un par de rótulos. Además anduve recorriendo todo ese boulevard sobre el que se ubican los ranchos de playa, "cazando" todos aquellos que tuviesen un rótulo de venta o alquiler.
Luego partí hacia otra playa, a realizar un levantamiento que ya estaba pactado.
Llegué a la capital como a eso de las 3 p.m. y no había almorzado. Me fui a cortar el pelo y luego me compré una hamburguesa. Alrededor de las 4:30 ya estaba en mi casa, terminando mi día.
Todo eso me parece chivo. El único y "pequeño" detalle es que todavía no veo que se venda o alquile alguna de las propiedades que he levantado. Aunque puedo decir que no he perdido la motivación y el positivismo (el cual creo que Dios me lo inspira).
Debo confesar que ahora por la mañana iba con aquel pensamiento al trabajo que me decía que había sido injusto gastarme la gasolina yendo tan lejos, a un lugar en el que no sería tan productivo como en la capital.
Gracias al Señor, el jefe me llamó y me dijo que me reconocerían el gasto de combustible, que así sucedería en las ocasiones subsecuentes y, es más, que verían la posibilidad de prestarme un vehículo para que no ocupase el mío. Qué bueno.
Además, me dijo que me subirían el sueldo. Que no sabía en cuanto pero que sí lo harían, porque les parecía el grado de compromiso que había mostrado con la empresa y porque les parecía el trabajo que estaba realizando.
Estoy agradecido con el Señor de que esto suceda.
