Es tiempo de cambiar el discurso. Hasta ahora la tónica de mi pensamiento ha sido la de compadecerme de mi actual situación y, en definitiva, no aceptar (ni agradecer) la oportunidad en la que actualmente estoy. La oportunidad que decidí tomar.
Talvez la naturaleza humana sea así, que no agradecemos lo que tenemos. Y considero que mientras no tome con actitud de agradecimiento el ser un ASESOR INMOBILIARIO, pues no tendré el éxito que espero.
Debe ser una regla de la vida aquella que diga que mientras no sea agradecido no veré la bendición.
Lo cierto es que hasta hoy no he querido terminar de aceptar mi posición. Entre otras cosas, no me debe dar vergüenza de ser un corredor de bienes raíces.
No debe apenarme el no tener un salario rimbombante (y fijo). No debe apenarme nada de eso.
Atrás deben quedar los tiempos en Unilever, en la maquila y en la empresa de telecomunicaciones. Debo olvidarme y desvalorar todo lo que me pueda atar al pasado, y aceptar con la frente en alto lo que he decidido vivir.
Es cierto, mientras estuve en “el mundo corporativo” estuve moviéndome en la sinfonía lógica que requería mi posición como graduado universitario. No es por discriminar, pero cualquier persona con el mínimo de instrucción académica podría ser corredor inmobiliario.
Ahora, lo que me toca es “profesionalizarme” en lo que estoy haciendo. Como ya me lo he dicho a mi mismo en varias ocasiones, aprender a querer y apasionarme por lo que estoy haciendo. Solo entonces los negocios comenzarán a cerrarse como deseo.
(Valga la pena mencionar que estamos a punto de cerrar el primer negocio que hago, y que me dejará $100)
Fuera todo sentimiento de inferioridad. Yo sé adonde quiero llegar: a ser un desarrollador inmobiliario, ya sea con un centro comercial en pequeño o con un edificio de apartamentos. La idea que tengo en mente es poner a trabajar el dinero para mí, recibiendo ingresos en concepto de rentas, los cuales pueda aprender a invertir inteligentemente en la bolsa de valores de EEUU o en negocios rentables, al servicio de la sociedad.
También está en el horizonte mi aporte a la sociedad, con una biblioteca de negocios abierta a todo público.
Ahhhh!!! qué bonito es soñar. Soy conciente que no estoy soñando con los pies en el aire. Si no, ¿cómo puedo haber dilucidado que trabajar bajo comisión era la única forma de capitalizarme más o menos rápido?
Solo para palpar un ejemplo acá, mi prima está a punto de embolsarse $1,400 por una venta que realizó de una propiedad en la playa. Y eso de que ella no tiene un título universitario.
Esa es otra cosa: Debo aprender a aceptar que puedo y merezco recibir mayores ingresos, no fácilmente, pero tampoco en ninguna parte está escrito que mis ingresos mensuales DEBEN ser $900 (o lo que sea) debido a mi poca experiencia profesional y/o edad.
Eso NO lo acepto: creo de todo corazón que puedo generar negocios rentables en bienes raíces para capitalizar mis proyectos empresariales. ¿Porqué no yo?
Me voy a preparar para profesionalizarme en esto. Haré mi mejor esfuerzo. Dejaré de esperanzarme a la página alumni, esperando el puesto “soñado” que me haga moverme de donde estoy.
Aunque también he estado sintiéndome como “poco útil, inteligentemente hablando”, por lo que me toca hacer: reducir fotos, buscar propiedades, hacer llamadas, etc. Pero, ¿es en esto en lo que debo demostrar la inteligencia? ¿No será que debo demostrar ser inteligente en los proyectos que emprenderé?
Además, ¿no estoy siendo inteligente (y aprendiendo cada día) en la forma en que promuevo las propiedades?
“Inteligente” no necesariamente es aplicar los conocimientos aprendidos en la Universidad, de la manera en que la gran mayoría de los que pasaron por una Universidad lo hacen. “Inteligente” creo que es una palabra muy pronta para definirla en mi vida.
Quiero decir: sí podemos hablar de tendencias. Pero el decir que viví de una forma “inteligente”, quizá sea parte de un balance que haga de acá a algunos años, cuando el triunfo consolidado (y consolidándose) sea una verdad palpable con hechos, resultantes de una vida guiada por decisiones inteligentes, honestas y bajo la voluntad de Dios.