Pienso que podemos definir nuestra vida (lo que haremos) a partir de una de dos vías: (1)lo que “supuestamente” debes hacer –porque “todos lo hacen”- y (2) lo que tú te convences que debes hacer.
La vida puede resultar sencilla de vivir si te decides a tomar el camino que todos transitan, obteniendo más o menos los resultados que esperas porque ya sabes qué tipo de resultados son.
Mientras tanto, la otra forma de definirte en la vida requiere valentía e inteligencia. No hay resultados esperados, sino toda una sinfonía de actividades que vas realizando a medida se presentan las oportunidades, de manera que vas construyendo tu vida de una forma particular.
Así, de pronto tu espíritu creador puede verse satisfecho al confeccionar un estilo de vida único. Esta podría ser una forma de definir el liderazgo: aquellos que se atreven a ser los autores de su propio camino.
¿Qué motivará a unos a decidir que se definirán de una u otra forma? Talvez sea el miedo, la comodidad, o la falta de iluminación, lo que les impide ver que hay formas diferentes de transitar por la vida, y que no hay nada de malo en probar nuevos rumbos. Al contrario, es apasionante.
Lo difícil de seguir el rumbo #1 es que de pronto puedes verte envuelto en el trajín de los años, y al final de tu vida darte cuenta que viviste para otros menos para ti. Eso creo que sería difícil. Imagina darte cuenta que de pronto los sueños que cumpliste fueron los que te impusieron, que no tienen nada que ver con los sueños que siempre anhelaste. O peor aún, las circunstancias a las que te sometiste anularon tu capacidad de crear sueños originales y propios.
Lo anterior, viene a medio definir el tipo de “esclavitos” a los que hace un tiempo hice referencia acá. Es decir, el tipo de personas-máquinas que viven para el círculo trabajar-ganar dinero-encontrar significado-pagar deudas-disfrutar su paga-trabajar-ganar dinero-encontrar significado-pagar deudas-disfrutar su paga…
Lo difícil es que envuelto en ese círculo se pasan los años y se vuelve difícil que te des cuenta por ti mismo que perdiste tu afán emprendedor.
El rumbo #2 también es difícil. Tienes que enfrentarte al desprecio de quienes desde su óptica estas equivocando el rumbo. Tienes que enfrentarte a tus miedos y a la incertidumbre. Tienes que enfrentarte a la duda de si serás el único equivocado, el que va en sentido contrario, y talvez debieras rectificar.
Es adentrarte en una jungla espesa, en la que de pronto no ves la luz del sol y no sabes si vas retrocediendo o avanzando. Solo tu instinto ganador te mantiene luchando y platica (discute) contigo (contra ti) mismo, para tratar de convencerte de no claudicar. Solo Dios es contigo en esos momentos de verdad, quien te inyecta todo lo que necesitas: fe.
De pronto, te das cuenta que entras en una “zona” en la cual no hay más gritos, no hay más nada… y sientes que puedes comenzar a ascender. ¿Qué es lo que ves ó sientes acá? Es como salirte de la tierra y entrar al espacio exterior, al infinito. Casi como lo que hay después del final. Es como encontrarte explorando nuevas tierras, en las que la única respuesta que recibes a tu grito por encontrar “sobrevivientes” es tu propio eco.
Una vez que te encuentras ahí, algo ha cambiado en ti. Algo has aprendido y estás preparado para nuevas alturas. Todo este tiempo has sido un ganador, porque has derrotado al miedo y a la desesperación. Ahora viene lo grande.
Prepárate.